Historias de mujeres que contribuyen al crecimiento del territorio santiagueño

Son profesionales que trabajan en la Estación Experimental Quimilí de INTA.

Tenacidad, compromiso, convicción, superación, sacrificio, entrega, valor, capacidad de contagio, de modificar realidades, de ayudar a empoderar, entre otros términos describen el trabajo de las mujeres de INTA Quimilí. Cotidianamente ellas eligen seguir haciendo de su trabajo un medio de crecimiento para sus lugares. Una síntesis de tantas experiencias son las que nos contaron Noelia, Mari, Ursula y Constanza, quienes desde sus lugares de trabajo contribuyen al crecimiento del este santiagueño.

Haciendo lo que corresponde

Para Noelia Continelli, medica veterinaria que se desempeña en la AER Malbrán, su rutina cambió hace 18 meses con la llegada de su pequeño Benicio. Ella comparte la belleza de la vida con su esposo Sebastían.

Noelia es de la zona y tiene la posibilidad de trabajar en medio de los productores e instituciones que la vieron nacer y crecer. Eso tiene un tremendo valor para ella. “Trabajar en mi región es la posibilidad de devolver lo que me dieron. Aquí recibí educación publica y trabajar aquí es devolverle al pueblo eso que me dieron”.

“Como parte de INTA sueño con lograr el desarrollo y el avance de la comunidad en general en la que estoy trabajando. Lograr ese cambio tecnológico que colabore con el desarrollo”. Actualmente integra un proyecto de lechería en la cuenca del departamento Rivadavia, acompaña un Grupo de Abastecimiento Local y de Cambio Rural, entre otras tareas demandadas por la Agencia Malbrán.

Hace 18 meses su rutina de vida cambió. Hoy comparte su actividad laboral con la hermosa misión de ser mamá. “En mi vida laboral hay un momento clave que se ubica entre el antes de ser madre y en después de tener a mi bebe”, reconoce. A luego agrega: “Son momentos que exigen separar lo laboral con lo personal y no es algo sencillo por diversos motivos. En una salida a campo sabes el horario de salida, pero no de vuelta y a eso se suma una demanda como madre que no es sencilla. Creo que uno termina encontrando un punto de equilibrio que te deja cumplir con todos los compromisos asumidos. Llegar al final del día y haber cumplido con los dos y estar dentro de todo en equilibrio es muy gratificante. El problema es cuando no se llega a cumplir con las expectativas en lo laboral o en lo personal. Imagino que con el tiempo iré desarrollando las habilidades para estar en todos lados”, señala con confianza.

Sobre la valoración hacía el trabajo de la mujer y su aporte a la sociedad Noelia expresó: “Yo tengo un concepto en el que considero que el lugar para la mujer es parte de una lucha constante de cada una. Nada viene de la nada, nada llega regalado. Cada lugar que ocupa la mujer hoy es porque se lo ha ganado con trabajo y esfuerzo. Creo que esa es la lucha que tenemos que continuar sosteniendo. Considero que hoy hay cada vez más mujeres ocupando y construyendo desde lugares claves y eso lo tenemos que reconocer desde nosotras mismas”.

La historia de María Luisa Tevez

María Luisa Tevez es contadora publica nacional y actualmente realiza maestrías en Administración Pública y en Finanzas, Recursos Humanos y Marketing. Ella esta a cargo de Recursos Humanos dentro del personal del INTA Quimilí.

María Luisa sabe de sacrificios. Proviene de una familia humilde oriunda de La Banda, la segunda ciudad más importante de Santiago del Estero. “Estudie la secundaria trabajando en casas de familia y la universidad con una hija. No sabía dónde iba a llegar, pero si sabía que día a día tenía que ir construyendo y ganando mi lugar. Tuve que hacer un gran esfuerzo, pero sé que eso valió la pena porque he progresado. Antes limpiaba los pisos en casas de familia y hoy estoy trabajando en otras cosas y estoy aportando y devolviendo lo que la sociedad me ha dado”, cuenta con enorme orgullo.

“En enero de 2013 se presentó la posibilidad de presentarme ante una convocatoria laboral y finalmente quede seleccionada para la Experimental Quimilí, que hacía un par de meses había sido abierta en esta ciudad. Antes trabajaba en la parte privada.  La administración publica era un nuevo desafío, volver a estar en algo nuevo y desconocido. Me convenció el hecho de acompañar al crecimiento de un lugar que había mucho por hacer. Tratar de ver crecer este lugar es una gran motivación y además me gusta Quimilí así que se viene y esta con mucho gusto”, relató.

Tiene sueños. “Uno siempre espera que el lugar en el que esta trabajando siempre crezca. Sabemos que es una experimental chica y con muchas carencias, pero la idea es tratar de buscar la forma y estrategias para hacer crecer esta institución tan chica en algunas cuestiones como recursos humanos y de maquinarias. Desde mi área trato todos los días de aportar al crecimiento de INTA porque esta comprobada la necesidad de la presencia de INTA”.

En su tarea comparte los dolores de sus compañeros ante la falta de recursos. “Ver una compañera sentada en piso sembrando manualmente porque no hay maquinaria es muy difícil y encima no puedes ayudarlos. A veces te reclaman o te dicen cosas con razón, pero no es fácil motivarlos y animarlos a seguir cuando vemos que no tienen nada. A veces solo los escucho y apoyo para que no se desmotiven. Hoy no tienen recursos ni para trasladarse entonces se sufre mucho por ellos”. Tratar de buscar recursos, sentarse y escucharlos, acompañarlos y permitir que se desahoguen es parte de su difícil misión.

Consultada sobre el rol de la mujer en INTA comparte su experiencia cotidiana. “Aquí no he visto problemas respecto de la dignidad de la mujer. Aquí son muchas las mujeres que trabajan y están codo a codo con sus compañeros varones. Si hay que sembrar, si hay que hacer una calicata o la tarea que haya que hacer están ellas poniendo lo mejor de sí para que se haga. Aquí somo muy valoradas y tratadas por todos los compañeros varones”.

Una clave en su vida ha sido siempre soñar con seguir progresando. “Mi vida tuvo tantos cambios. Yo estudié y me recibí en grande. No sabía dónde iba a llegar. Hoy mismo sigo estudiando y no conozco hasta donde llegaré. Me gusta estudiar y seguir progresando”.

“Mari” -como la llaman sus compañeros- es feliz haciendo lo que hace. “Que a pesar de todo mis compañeros se sientan bien, que aprecien como propia la experimental y que ellos estén bien y cumplan sus objetivos es lo que me hace feliz en mi trabajo”, concluyó.

Desde Bahía Blanca a Quimilí

Ursula Wolf se desempeña como investigadora en la EEA Quimilí. También complementa su profesión con la misión de ser mamá y esposa. Junto a Javier, también integrante de la familia de INTA, apuestan al crecimiento del territorio en el que sus pequeños -Fátima de 4 años de edad y Simón de casi dos años- crecen.

La ingeniera Wolf no es santiagueña. Llegó hace 8 años desde la diferente Bahía Blanca para radicarse en Quimilí. “Fue una decisión personal y familiar de venir a trabajar en el norte del país en ganadería”, recordó. Ella se desempeña en el área de producción animal, específicamente en alimentación de rumiantes. Diariamente atiende ensayos de pasturas y vinculación con empresas del sector.

La familia es todo. “Si no fuese por mi familia sería mucho más difícil mantenernos en lugares tan alejados de la familia de origen. Con ellos compartimos todo y son mi sostén cuando salimos del trabajo. Al estar tan lejos de mi cuidad de origen es difícil todo, sobre todo cuando el trabajo exige mucho tiempo fuera del hogar. La base es la organización y es así como disfrutamos del trabajo y de Fátima y Simón”, relató.

Vino con muchos sueños. “Desde antes de llegar aquí veía que esta era una zona de gran potencial, sobre todo en el área ganadería y eso es lo que motiva a quedarse y seguir apostando por la zona porque hay mucho por hacer, hay productores comprometidos, empresas que están dedicadas con intereses particulares por el desarrollo de la ganadería de la región y está el INTA, que nos da el marco para poder trabajar en estas áreas”, contó.

Su sueño para la región lo sintetiza así: “Quiero ver un mayor impacto y aplicación de muchas tecnologías que ya están desarrolladas y disponibles para intensificar la producción y mejorar los índices productivos de la región. Poder verlos aplicados en la mayor cantidad de superficie de productores para mejorar el impacto de los niveles de producción del noroeste argentino”.

Ser mujer en un ámbito rodeada de hombres le sienta bien. Ella cuenta “Me siento muy cómoda y al contrario de lo que se piensa estamos bastante consideradas dentro de la zona productiva, del marco de empresas y productores con los que nos relacionamos. Nunca tuve dificultades y siento que estamos acompañadas y valoradas por el sector productivo”.

Ayudar a empoderar

En el norte santiagueño, en el departamento Copo, INTA tiene como uno de sus rostros visibles a la médica veterinaria Constanza Gutiérrez.  En el día a día ella encuentra “muy gratificante” su trabajo, especialmente porque desde su llegada al organismo ha logrado un proceso de empoderamiento de las mujeres de la zona.

“Al tomar contacto con la mujer rural, al principio veía como que ellas estaban como reprimidas y no tenían tanta participación en reuniones, talleres y en las decisiones que siempre eran tomadas por los hombres. A media que fue pasando el tiempo eso se fue modificando y al llegar más a la zona y compartir el trabajo con ellas me permitió notar que las mujeres se han empoderado. Hay mujeres que se han transformado en verdaderos referentes de las distintas asociaciones:  hoy hay mayor participación y es hermosos poder compartir, acompañarlas y crecer en forma conjunta”.

No fue sencillo ese proceso. “Al principio llamaba la atención mi presencia y que llegaba sola a las reuniones entre los hombres. Pero de esa manera fuimos instando a las mujeres a sumarse, a participar y eso impactó mucho al punto que ellas ahora se animan más, se sienten empoderadas”, destacó.

Especialmente desde el programa Pro Huerta su trabajo genera muchos beneficios para las mujeres. “Ellas dicen que con el programa tienen un lugar donde realizar sus actividades y en el que pueden acompañar a sus hijos. Es parte de un ritual alrededor del trabajo de la huerta y ese producto que generan le dan un valor agregado. Ellas se han transformado en verdaderas lideres y van manejando temas de las asociaciones que antes estaban reservadas solo para hombres”.

Constanza es profesional en la misma ciudad donde nació. “Es una gran satisfacción de poder venir, acompañar, dar un apoyo. Es enorme esa posibilidad de devolver a mi gente tanto que he recibido. Pero lo que más me satisface es compartir con personas de diferentes extractos y que en conjunto obtengamos logros”.

La Estación Experimental Quimilí cuenta actualmente con una planta de 37 trabajadores, de los cuales 13 son mujeres. Tres son extensionistas, 7 son investigadores y la dirección de la Unidad esta a cargo de la Ing. Agr. Graciela Leguizamon. “Sueño y deseo que se empoderen, que trasciendan en la región, que puedan colaborar sin resignar sus sueños de familia. El este de Santiago del Estero nos desafía también a empoderar a mujeres que han sido menos favorecidas que nosotros. Nuestro trabajo se hace en medio de mujeres que no pueden sonreír y por eso debemos seguir apostando con nuestra tarea diaria. No le tenemos miedo a los desafíos y buscamos empoderar a las mujeres en todos los sentidos”.

Estas cuatro historias representan el esfuerzo cotidiano, los sueños, el compromiso y la misión de las mujeres de INTA Quimilí y de todas las mujeres que trabajan y luchan día a día por el crecimiento del país.

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